MATÍAS MARRERO, EL GUERRERO AURINEGRO
En este recorrido por la memoria del 𝐂𝐁 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬, queremos detenernos en aquellos jugadores que, quizá sin ocupar siempre los grandes titulares, contribuyeron con su esfuerzo, compromiso y entrega a construir la historia de la entidad aurinegra.
Seguro que muchos nombres se nos quedarán por el camino. Pero ninguno por ello será menos importante. 𝐓𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐜𝐢𝐧𝐝𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐩𝐚𝐭𝐫𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚 𝐝𝐚𝐝𝐨 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚. A todos ellos, nuestro reconocimiento, respeto y admiración.
Hoy queremos ensalzar la figura de 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐌𝐚𝐭𝐢́𝐚𝐬 𝐌𝐚𝐫𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐏𝐞́𝐫𝐞𝐳, un pívot de equipo, trabajador incansable y ejemplo de lucha bajo los tableros. Un jugador que destacaba especialmente por su colocación cerca de la canasta y por entender que, muchas veces, el trabajo más importante es precisamente aquel que menos aparece en las estadísticas.
Nacido el 𝟐𝟒 𝐝𝐞 𝐟𝐞𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟔𝟒 𝐞𝐧 𝐋𝐚𝐬 𝐏𝐚𝐥𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐆𝐫𝐚𝐧 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐫𝐢𝐚, Matías Marrero, con sus 𝟐,𝟎𝟎 𝐦𝐞𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚, desarrolló buena parte de su carrera en Tenerife.
Su trayectoria comenzó en el 𝐍𝐚́𝐮𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐓𝐞𝐧𝐞𝐫𝐢𝐟𝐞 (𝟏𝟗𝟖𝟑-𝟏𝟗𝟖𝟔), que lo incorporó a sus filas en Primera B en 1983. En la temporada 𝟏𝟗𝟖𝟔-𝟖𝟕 dio un paso decisivo al fichar por el 𝐂𝐁 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬, entonces denominado por razones de patrocinio 𝐂𝐚𝐣𝐚𝐜𝐚𝐧𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬, dando así el salto a la Liga ACB.
Permaneció defendiendo los colores aurinegros durante 𝐬𝐞𝐢𝐬 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐨𝐫𝐚𝐝𝐚𝐬, 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟔 𝐲 𝟏𝟗𝟗𝟐, compartiendo vestuario con nombres que forman parte de la memoria colectiva del club. En aquel Canarias estaban jugadores extranjeros de la categoría de 𝐄𝐝𝐝𝐢𝐞 𝐏𝐡𝐢𝐥𝐥𝐢𝐩𝐬 𝐲 𝐌𝐢𝐤𝐞 𝐇𝐚𝐫𝐩𝐞𝐫, junto a históricos nacionales como 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐥𝐨 𝐂𝐚𝐛𝐫𝐞𝐫𝐚 𝐲 𝐆𝐞𝐫𝐦𝐚́𝐧 𝐆𝐨𝐧𝐳𝐚́𝐥𝐞𝐳, entre otros.
Matías asumió su papel con humildad y profesionalidad, aportando intensidad y fortaleza en el juego interior, compartiendo esa labor con otro recordado aurinegro, 𝐌𝐚𝐧𝐨𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐂𝐚𝐬𝐚𝐬.
Él mismo resumió perfectamente lo que significaba su forma de entender el baloncesto en unas declaraciones recogidas por Endesa Basket Lover: 𝐄𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐦𝐢𝐨́ 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐛𝐚 𝐬𝐮 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐛𝐚𝐥𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬𝐭𝐨: «𝐘𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐢́𝐚 𝐦𝐢 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨. 𝐄𝐫𝐚 𝐮𝐧 ‘𝐬𝐩𝐚𝐫𝐫𝐢𝐧𝐠’ 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐲 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐬𝐚𝐥𝐢́𝐚 𝐚 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨. 𝐍𝐨 𝐥𝐞 𝐭𝐞𝐧𝐢́𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐥𝐞𝐚».
Una frase que retrata al jugador: 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨, 𝐬𝐚𝐜𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐨, 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐧̃𝐞𝐫𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐲 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐫𝐞𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚.
Tras abandonar el CB Canarias en 1992, continuó su trayectoria en el 𝐒𝐚𝐧 𝐈𝐬𝐢𝐝𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐎𝐫𝐨𝐭𝐚𝐯𝐚 (𝟏𝟗𝟗𝟐-𝟏𝟗𝟗𝟑) y posteriormente en el 𝐓𝐞𝐧𝐞𝐫𝐢𝐟𝐞 𝐍.º 𝟏 (𝟏𝟗𝟗𝟑-𝟏𝟗𝟗𝟒), antes de poner punto final a su etapa como jugador.
La vida le plantearía después un partido mucho más importante que cualquiera disputado sobre una cancha. Matías Marrero sufrió un 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐫𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐢𝐨𝐜𝐚𝐫𝐝𝐢𝐨 𝐪𝐮𝐞, 𝐚𝐟𝐨𝐫𝐭𝐮𝐧𝐚𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐥𝐨𝐠𝐫𝐨́ 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚𝐫.
Hoy recuperamos su nombre porque la historia del CB Canarias no pertenece únicamente a las grandes estrellas. También pertenece a quienes entrenaron cada día, aceptaron su cometido, pelearon cada balón y estuvieron preparados cuando el equipo los necesitó.
𝐌𝐚𝐭𝐢́𝐚𝐬 𝐌𝐚𝐫𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐟𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬.
Un jugador de equipo. Un luchador bajo los tableros. Un aurinegro que entendió que defender un escudo también significa sacrificarse por los compañeros sin reclamar protagonismo.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐢𝐧𝐞𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐲𝐮𝐝𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚.
𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨, 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐲 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐌𝐚𝐭𝐢́𝐚𝐬 𝐌𝐚𝐫𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐏𝐞́𝐫𝐞𝐳. 𝐔𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬. 𝐒𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐚𝐮𝐫𝐢𝐧𝐞𝐠𝐫𝐨.
