RICHI BETHENCOURT, MUCHO MÁS QUE UN JUGADOR: UNA LEYENDA

Publicado por : - julio 06, 2026


Hay deportistas cuya trayectoria se mide por sus estadísticas, por los títulos conquistados o por los récords alcanzados. Sin embargo, existen otros cuya grandeza trasciende cualquier cifra y permanece para siempre en la memoria colectiva. Richi Bethencourt pertenece a ese reducido grupo de jugadores que no solo dejaron una profunda huella sobre la cancha, sino también en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de verlo jugar y de quienes compartieron con él parte de su vida.

Hablar de Richi Bethencourt es referirse una de las grandes leyendas del baloncesto canario. Puede que su nombre no alcanzara la repercusión mediática de otras figuras del baloncesto español en la Península, pero en Tenerife basta con pronunciar su nombre para despertar el recuerdo de uno de los jugadores más admirados, carismáticos y queridos que han vestido una camiseta de baloncesto. Su prematura desaparición en un accidente de tráfico, apenas unos años después de poner fin a su carrera deportiva, contribuyó a engrandecer todavía más la dimensión de un mito cuya figura continúa plenamente vigente en la memoria de la afición.

A Ricardo Bethencourt prácticamente nadie lo llamaba por su nombre de pila. Para todos era, sencillamente, Richi. Un jugador diferente, con una personalidad inconfundible tanto dentro como fuera de la pista. Con 1,85 metros de estatura, todo parecía indicar que desarrollaría su carrera como base, pero encontró su verdadera dimensión como escolta, convirtiéndose en uno de los jugadores más espectaculares del baloncesto canario de su generación.

Poseía un lanzamiento extraordinario, una velocidad explosiva, un salto poco común y una capacidad innata para culminar los contraataques con una brillantez que levantaba al público de sus asientos. Su apariencia física podía transmitir una falsa sensación de fragilidad, pero bastaban unos minutos sobre la cancha para descubrir a un competidor feroz, inteligente y extraordinariamente eficaz. Cada partido era una oportunidad para demostrar un talento natural que muy pocos jugadores poseen.

La mayor parte de su carrera deportiva transcurrió defendiendo los colores del Club Baloncesto Canarias, actual La Laguna Tenerife, entidad a la que permanecería unido para siempre. Durante siete temporadas vistió la camiseta aurinegra y fue uno de los grandes protagonistas de una de las etapas más importantes de la historia del club. Disputó las dos primeras ediciones de la Liga ACB, en las temporadas 1983 -1984 y 1984 -1985, firmando unos notables promedios de 10 puntos en 28 minutos por encuentro. No obstante, si existe un capítulo especialmente recordado por la afición aurinegra es su decisiva participación en el histórico ascenso del Canarias a la máxima categoría del baloncesto español durante la temporada 1980 -1981, una gesta que marcó un antes y un después para la entidad.

PINCHA AQUÍ, se puede consultar las estadísticas proporcionada por la ACB de Richi; las Generales, Partidos y Temporada.

Antes de convertirse en uno de los referentes del Canarias, Richi había iniciado su formación en el Náutico de Tenerife, el eterno rival. Posteriormente, mientras cursaba estudios de Derecho en Madrid, ingresó en las categorías inferiores del Real Madrid, donde compartió generación con jugadores de enorme proyección, entre ellos Juan Antonio Corbalán. Aquella brillante etapa le permitió vestir la camiseta de la selección española juvenil y completar una formación deportiva de primer nivel que terminaría reflejándose años después en las canchas tinerfeñas.

Pero reducir la figura de Richi Bethencourt únicamente a su brillante carrera deportiva sería profundamente injusto. Era un hombre inquieto, culto, inteligente y enormemente ambicioso. Poseía todas las cualidades que distinguen a los líderes naturales y una personalidad capaz de dejar huella en cualquiera que tuviera la oportunidad de conocerlo. Compartiendo vestuario con otra leyenda como Carmelo Cabrera, contribuyó decisivamente al crecimiento deportivo del Canarias y ayudó a consolidar una identidad competitiva que aún hoy forma parte de la esencia del club.

Quienes compartimos momentos con él conservamos un recuerdo imborrable de su extraordinaria calidad humana. Era un hombre profundamente sarcástico, con un sentido del humor tan fino como elegante y absolutamente personal. Tenía la extraordinaria capacidad de convertir cualquier situación cotidiana en una anécdota inolvidable.

Nunca olvidaré una de ellas. Un día me llamó para invitarme a almorzar. Al llegar junto a mi esposa descubrimos que no había ningún otro cliente en el restaurante. Richi sonrió con esa expresión tan característica suya y comprendimos que, sin saberlo, estábamos inaugurando con él, el nuevo restaurante chino que acababa de abrir justo debajo de su despacho profesional. Aquella escena reflejaba perfectamente su forma de entender la vida: espontánea, ingeniosa y siempre cargada de ese humor inteligente que tanto lo caracterizaba.

Mientras desarrollaba su carrera deportiva también ejercía con éxito la abogacía. Primero trabajó para una empresa inmobiliaria y posteriormente abrió su propio despacho profesional en la emblemática calle Heraclio Sánchez, en San Cristóbal de La Laguna, asociado con el recordado exárbitro canario Jesús León Arencibia, recientemente fallecido. Richi afrontaba la profesión con la misma pasión, responsabilidad y compromiso que demostraba cada fin de semana sobre una cancha de baloncesto.

El destino, sin embargo, quiso escribir demasiado pronto el capítulo más triste de su historia. En 1998, cuando regresaba desde el sur de Tenerife conduciendo su querido Volkswagen Golf Cabriolet blanco, un desgraciado accidente de tráfico puso fin a su vida. La noticia conmocionó profundamente al deporte tinerfeño. El vacío que dejó fue imposible de llenar. El histórico Pabellón Juan Ríos Tejera, escenario de tantas tardes memorables, nunca volvió a ser exactamente el mismo sin la presencia de quien había hecho vibrar a toda una generación de aficionados.

Como reconocimiento a todo lo que representó para la entidad y para el baloncesto canario, el Club Baloncesto Canarias retiró para siempre su camiseta con el dorsal número 8, un honor reservado únicamente a quienes consiguen trascender el tiempo para convertirse en patrimonio sentimental de un club. Aquel gesto simbolizaba mucho más que un homenaje deportivo; representaba el agradecimiento eterno de toda una afición hacia uno de sus jugadores más queridos.

Las estadísticas ayudan a comprender la dimensión de su carrera, pero jamás alcanzarán a explicar quién fue realmente Richi Bethencourt. Quien desee conocer con mayor detalle su trayectoria deportiva puede consultar las estadísticas oficiales de la ACB, donde quedan reflejados sus números, partidos y temporadas. Sin embargo, la verdadera dimensión de Richi se encuentra en el recuerdo imborrable de quienes compartieron con él vestuario, amistad o simplemente la emoción de verlo jugar.

Estas líneas no pretenden ser una biografía exhaustiva, sino el modesto homenaje de un amigo que tuvo el inmenso privilegio de conocerlo y disfrutar de su amistad. Con el paso de los años sigo encontrando parte de él en su hijo, con quien también me une una sincera amistad. A él quiero agradecerle muy especialmente la generosa cesión de la fotografía que acompaña este artículo, un gesto que ha permitido a nuestra Asociación rendir un sentido homenaje a quien fue una de las figuras más representativas de la historia del baloncesto tinerfeño.

Hay personas cuya vida termina demasiado pronto, pero cuyo legado nunca desaparece. Richi Bethencourt pertenece a ese grupo de elegidos. Mientras exista una canasta en Tenerife, un aficionado que recuerde aquellas tardes en el Juan Ríos Tejera o alguien que pronuncie con emoción su nombre, Richi seguirá jugando el partido más importante de todos: el de la memoria. Porque las leyendas nunca mueren; simplemente se convierten en eternas.

No te olvidaré, no te olvidamos. 

Florencio Álvarez

Secretario Asociación Ex CB Canarias