CB CANARIAS: UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA
Mientras muchos podían mirar hacia otro lado, hubo un grupo de hombres valientes que decidió permanecer firme, defendiendo con orgullo una entidad histórica que representaba mucho más que un simple club de baloncesto. Representaba el sentimiento de un pueblo, la ilusión de generaciones enteras y el legado de quienes habían construido, con humildad y pasión, una de las instituciones deportivas más queridas de Canarias.
Aquella Junta Directiva de la temporada 1998-99 fue, sin duda, un ejemplo de entrega absoluta y de amor desinteresado al Club Baloncesto Canarias. Al frente se encontraba Roberto Marrero, presidente de enorme coraje y responsabilidad, que asumió el peso de dirigir la entidad en momentos extremadamente delicados. A su lado, Juan Pedro Núñez, vicepresidente comprometido y leal; Florencio Álvarez, secretario incansable y riguroso; Félix Hernández, tesorero constante; y Guillermo Ramos, vocal y trabajador silencioso, junto a otros colaboradores imprescindibles que jamás dejaron creer en el club.
Ellos no luchaban por reconocimiento ni protagonismo. Luchaban por supervivencia. Luchaban para que el nombre del Club Baloncesto Canarias siguiera existiendo, para que la afición siguiera teniendo un escudo, unos colores, unos valores al que abrazarse y para que las futuras generaciones pudieran seguir soñando desde las gradas.
